Perú día 2: Islas Ballestas y Reserva Nacional de Paracas.

Pasamos nuestra primera noche en Perú, en un Oasis en mitad del desierto, la verdad que no estaba nada mal. Ya descansados empezábamos a asimilar que este gran viaje acababa de empezar, y todavía no sabíamos todo lo que íbamos a vivir. Por lo pronto, hoy nos esperaba un día espectacular, explorando las Islas Ballestas y la Reserva Nacional de Paracas, antes de volver a la capital del país, Lima ¿Os apetece vivir esta gran aventura con nosotros?

El despertador sonó a las 06:30h, la verdad que en este viaje no sufrimos nada el temido “Jet lag”, así que, nos vestimos, nos aseamos, recogimos las mochilas, y salimos a volar el drone ahora que todo el mundo dormía. Cogimos las mochilas y bajamos a hacer el check-out, la noche anterior pedimos en recepción si nos podían dejar los desayunos preparados para llevar, así que fuimos a recogerlos y a esperar en la puerta a la furgoneta que pasara a buscarnos para hacer la excursión de las Islas Ballestas y la Reserva Nacional de Paracas.

A las 8h en punto pasaban a por nosotros por la puerta del hotel, era una mini van con capacidad para unas 14 personas. Metimos las mochilas en el maletero, ya que a la vuelta pedimos que nos dejaran directamente en la estación de buses de Cruz del Sur de Ica y al subir a la furgo, vimos que ya iba llena y éramos los últimos en llegar, todo brasileños con mucho ritmo jejeje así que el trayecto hasta las Islas Ballestas fue muy entretenido.

Nos vamos para las Islas Ballestas

Tras una hora y media en el bus, llegamos al puerto de Paracas. Antes de bajar, nos pidieron que pagáramos 22 soles por cabeza (5,5€) de impuestos, al ser una zona de reserva natural (nos dimos cuenta que nos timaron a lo grande, ya que al llegar al embarcadero había un cartel enorme que ponía: impuestos de conservación 7 soles por persona).

Nos subimos en nuestra embarcación, que se encontraba en la Marina Turística de Paracas, y os aconsejamos que os sentéis en la parte izquierda en la 3/4 fila, ya que todo el rato tendréis las Islas Ballestas a vuestro lado. Nos pusimos los chalecos salvavidas (es obligatorio ponérselos) y a las 10h zarpamos rumbo a estas desconocidas islas para nosotros, las Galápagos de los pobres según ellos.

Geoglifo del candelabro

Os aconsejamos realizar esta excursión a primera hora, ya que es cuando el mar suele estar más tranquilo, y las posibilidades de observar la fauna salvaje son mayores. No se desembarca en las islas, pero la embarcación se acerca considerablemente a las colonias de una gran variedad de animales.

Lo primero que divisamos fue el tridente o candelabro escavado en las colinas de arena, de más de 150m de altura y 50m de ancho. Nadie sabe exactamente quién realizó este dibujo, tampoco su antigüedad o qué significa, aunque existen muchas teorías y algunas de ellas relacionadas con las líneas de Nazca.

Islas Ballestas

Es una auténtica pasada llegar a ver esa cantidad de fauna habitando en un par de rocas: pelícanos, leones marinos, delfines... incluso vimos pingüinos de Humboldt, los cuales no habíamos visto nunca en nuestras vidas ¡¡¡Estábamos realmente emocionados!!!

Los barcos no tienen toldo, y pasas a bordo una media de dos horas, así que os aconsejamos que llevéis agua y protección solar. También os recomendamos que llevéis un pañuelo o un sombrero en la cabeza, ya que es común recibir impactos de guano (caca) de las aves (más de uno de los que iban en el barco con nosotros recibió jejeje).

Instalaciones de extracción del guano

¿Veis al guarda intentando subir por la escalera desde el agua en la foto superior? Estos señores viven allí durante largos meses para evitar el robo del guano, ya que es uno de los principales puntales de la economía peruana. Se considera un fertilizante 30 veces más eficaz que el estiércol de vaca, y su producción actual está regulada rigurosamente por el Ministerio de Agricultura de Perú.

Entre tanta explicación y una magnifica observación de la flora y la fauna del lugar, había llegado el momento de volver a tierra firme y continuar con nuestra excursión del día. Las Islas Ballestas nos habían gustado mucho, aunque si tu ruta por el país es más ajustada, te aconsejaríamos prescindir de ellas.

Leones marinos al sol

Nos reunimos con el grupo y nuestro guía, y mientras esperábamos, no nos pudimos resistir a comprar algún que otro souvenir en las tiendecitas que habían en el puerto y probar las famosas Chocotejas, un dulce muy típico del país, a una señora que tenía un puesto callejero. Estaban super ricas, son como bombones rellenos con crema de cacahuete y frutos secos… Delicious! (si queréis saber más sobre la gastronomía del país lo encontraréis en este post que publicamos hace unas semanas).

De vuelta en la furgoneta, pusimos rumbo a la Reserva Nacional de Paracas. La primera parada fue al Obelisco, que conmemora el desembarco del libertador José de San Martín, con unas vistas un tanto feas al puerto de “El Chaco”.

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Playa Roja, Paracas

La siguiente parada es en lo alto de un acantilado espectacular, en cual hay una gran cantidad de fósiles en la roca, algo que no habíamos visto nunca antes, y mucho menos tanta cantidad. El sol empezaba a apretar, y esque se notaba que estábamos en pleno verano en la costa ¿Quién nos iba a decir que estaríamos en Enero disfrutando de esa temperatura?

Volvimos a la furgoneta, y nos dirigimos a Playa Roja. Nunca antes habíamos visto playas con ese color marrón tierra, impactaba a la vista. Hay mucha gente que se arriesga y se sienta al filo del acantilado para sacarse la foto, cuando está totalmente prohibido debido a los corrimientos de tierra y los altos casos de desprendimientos ¡¡Así que no arriesguéis vuestra vida por una foto!!

Mirador Punta Arquillo

Sobre las 13h, nos llevaron al pueblecito costero de Lagunillas. El ambiente era muy chulo y auténtico, nos dieron una hora y media de disfrute para hacer lo que quisiéramos: ir a comer, a pasear, a bañarnos en la playa… Tras un corto paseo por el pueblo, conformado por una par de casetas y tres restaurantes, decidimos subir en primer lugar con un mini trekking al mirador Punta Arquillo, desde donde se obtiene una vista panorámica del lugar.

Como no nos queríamos bañar, ya que nos dijeron que había unas señoras medusas que campaban a sus anchas por la playa, y el viaje acababa de empezar, decidimos hacer otra de las cosas que más nos gusta, deleitarnos con la gastronomía del lugar. Y nos decantamos por el restaurante La Tía Fela, ya que tenía muy buena pinta, acertando de lleno.

La Tía Fela, Lagunillas

John se pidió un arroz con mariscos, y yo chicharrón de calamar con patatas, dos platos típicos de la costa que estaban sumamente deliciosos, además la atención fue buenísima y teníamos vistas al mar (no olvidéis pedir vuestro sorbete de Pisco gratuito si venís aquí). La comida nos salió por 80 soles (20€ los dos, un precio bastante europeo).

Alrededor de las 15:30h nos llamaron para regresar a la furgoneta y emprender el camino de vuelta a Ica. Tras una hora y media con alguna cabezadita de por medio, llegamos a la estación de Buses de Cruz del Sur, donde habíamos acordado que nos dejaran para poder coger nuestro bus que salía hacia Lima a las 17h.

Parada Cruz del Sur, Ica

Enseñamos los tickets que llevábamos impresos, ya que habíamos hecho la compra del trayecto por Internet (nos costó 24€ los dos), y tras 4h y media, llegamos a la estación de Javier Prado a las 21:30h. Nos aconsejaron que tuviésemos cuidado a la hora de coger un taxi a esas horas, así que para evitarnos problemas, nos dirigimos a un “stand de taxis de cruz del sur” que había en la parte exterior de la terminal, les comentamos a la dirección que queríamos ir (Limaq Hotel), y cerramos un precio de 40 soles (10€).

El conductor que nos tocó era muy simpático, y el camino se hizo muy ameno charlando con él y sin sentir nada de miedo. A veces nos dejamos llevar por las apariencias y al viajar, rompemos estereotipos, una de mis cosas favoritas 🙂

Bus de Ica a Lima, Cruz del Sur

Llegamos al hotel sobre las 22h, bastante cansados, así que hicimos el check-in, avisamos que queríamos un taxi para mañana a primera hora que nos llevara al aeropuerto, y tras una ducha revitalizadora nos fuimos a dormir. Había sido otro día completo y maravilloso, mañana nos tocaba volar a Cusco y comprobar que tal nos sentaba la altura.

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