Sri Lanka día 16: De Mirissa a Unawatuna.

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Mirador de Mirissa

Si algo nos estaba dando el sur, era paz. En los viajes siempre programamos algunos días más relajados, y el sur de Sri Lanka es muy propicio a ello. Después de haber recorrido la isla en nuestro propio Tuk Tuk vivido mil aventuras, tocaban unos días de sol y playa. Nos levantamos temprano para hacer ejercicio en la playa, que estaba junto a nuestro hotel, nos dimos un baño mañanero y nos acercamos hasta el mirador que separa las dos playas ¿Queréis veniros con nosotros en un día de relax camino a Unawatuna?

Tras volver al hotel a darnos una ducha y desayunar, cargamos las mochilas en el Tuk Tuk y nos fuimos camino a Unawatuna. Nos quedaban unos 30 km por delante, que con sus respectivas paradas se traducía en unas 3h hasta llegar a nuestro hotel.

Activamos la App Maps.me, y nos dirigimos en primer lugar a las playas de la zona de Weligama. Esta playa pertenece a un pueblo de pescadores, por eso es muy común ver estas plataformas en la orilla, características de los pescadores zancudos que no tuvimos la suerte de ver en sus horas de trabajo.

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Playa de Weligama

En esta zona, un poquito más adelante, junto a la costa, se encuentra la Isla de Taprobane, a la que se puede llegar a pie cuando baja la marea. Actualmente se puede alquilar como alojamiento, aunque hemos escuchado que los precios son desorbitados.

Nosotros nos conformamos con contemplarla desde el columpio que hay justo enfrente ¡¡lo que me gusta a mi un columpio!! Antes de que el sol empezará a apretar, continuamos nuestra ruta por el sur, a pie de playa y con un sentimiento de libertad enorme.

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Isla de Trapobane

No os preocupéis por la gasolina del Tuk Tuk, cada pocos kilómetros siempre hay alguna gasolinera o algún puesto ambulante donde venden botellas de gasolina. Con la melena al viento y el olor a salitre, nos dábamos cuenta que la zona del sur del país aún se veía muy afectada por el tsunami de 2.004 donde murieron unas 60.000 personas…

La siguiente parada fue la Playa de Midigama, al oeste de Weligama y en el kilómetro 140 de la carretera principal, hay que buscar una diminuta carretera que enfila 100m hacia el agua donde aguarda un espléndido oasis de calma.

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Playa de Midigama

Volvimos a ver las estructuras de los pescadores zancudos, pero ni rastro de ellos. Aunque hemos leído en diferentes blogs, que más que un trabajo, ya se ha convertido en una atracción turística de los locales del lugar, y solo se suben para pedir dinero a los turistas a cambio de una foto… una pena si es verdad…

Sin saberlo, a orillas del camino, vimos que había un local de protección y recuperación de tortugas marinas, así que aparcamos el Tuk Tuk en la puerta y entramos. Pagamos un precio insignificativo por entrar, y una vez allí, en Sea Turtle Hatchery, pudimos observar la gran labor que hacen. Muchas de ellas llegan heridas a la orilla y son recogidas y tratadas en este centro, para una vez recuperadas devolverlas al mar. ¡¡¡No se pueden tocar!!! Nos enfadó mucho ver como unos rusos las sacaban del agua sin hacer caso de las indicaciones de los locales, hasta que tuvieron que ser expulsados del lugar… en fin ¡¡¡turismo responsable por favor!!!

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Sea Turtle Hatchery

Unos pocos kilómetros más y llegamos a nuestro hotel en Unawatuna sobre las 12h. ¡¡¡El mejor hotel de toda nuestra estancia en la isla!!! Si queréis saber cuales fueron nuestros hoteles en el viaje, información y opinión personal, os dejamos el post aquí.

Dejamos las mochilas en nuestra suite, nos pusimos los bañadores y nos fuimos directos a la piscina a disfrutar de ese sol a 2 de Enero 😛 Nuestra sorpresa fue que, ¡¡estábamos completamente solos y la piscina era toda para nosotros!! A los pocos minutos de estar allí, nos trajeron unos zumos naturales de lima para mitigar el calor y sentirnos en la gloria 🙂

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La piscina de nuestro hotel

Sobre las 14h llamamos al restaurante del hotel desde el teléfono de la piscina para pedir la comida, y media hora después nos avisaron de que estaba lista en la terraza de nuestra habitación. ¡¡Estaba deliciosa!! Fue la vez que mejor comimos del viaje, una auténtica explosión de sabores…

Con las barrigas llenas, nos pegamos una siesta en el sofá de la terraza con el sonido envolvente de la naturaleza, nos dimos una ducha y nos fuimos a conocer los alrededores de Unawatuna y su playa.

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Terraza de la habitación

Es una zona bastante dejada, como casi todo el sur de la isla… lo que más nos llamó la atención fueron las vías de tren justo pegadas al mar, la verdad que recorrer ese tramo subidos a la locomotora debe ser super bonito.

La gente local vive a un ritmo relajado, viendo la vida pasar… al ser nuestra primera vez en Asia, este choque cultural nos llama mucho la atención, y envidiamos en nuestros adentros esa capacidad que tienen de disfrutar de las cosas mas banales… una buena lección que nos llevamos y que aplicamos ya hoy en día en nuestra vida.

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Vías del tren junto al mar

Llegamos a la playa, el atardecer prometía, así que antes de sentarnos a tomar algo, ya que había mucho ambiente, nos dimos un paseo d punta a punta… nos encanta pasear a orillas del mar cuando empieza a caer el sol… a vosotros ¿no os produce una increíble sensación de paz?

Lo que nos daba mucha penita, es que había muchos perritos salvajes en la zona, y muchos de ellos con heridas o enfermedades… nos dimos cuenta que era algo característico del continente asiático que ojalá empiecen a trabajar pronto…

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Playa de Unawatuna

Nos llegamos hasta un “chill out” que nos gustó, y nos pedimos dos zumos naturales de lima, y coco ¡¡¡Cómo íbamos a echar de menos estos zumos!!! Estaban tan ricos y encima eran tan baratos que era imposible resistirse a ellos…

Había sido un día de relax total, y la verdad que lo necesitábamos después de tantos días de trote… tras una buena charla contemplando el atardecer y sintiéndonos afortunados, supimos que el 2017 sería un gran año, y no nos equivocamos.

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Playa de Unawatuna

Apenas nos quedaban dos días en la isla, después nos tocaba poner rumbo a las Islas Maldivas a seguir malviviendo con la vida isleña que tanto nos gusta… Pero antes de volvernos al hotel, pudimos disfrutar de este precioso atardecer de color rosa, aún cierro los ojos y no me cuesta nada teletransportarme a este momento…

Compramos un melón en un puesto callejero para cenar en la terraza de nuestro hotel, y nos fuimos a dormir temprano, mañana nos íbamos para Hikkaduwa.

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Atardecer en Unawatuna

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Autora: Sonia Sánchez (www.elmundoesmejorcontigo.com)

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