Perú día 5: visitamos el gran Machu Picchu.

Por fin había llegado el día, hoy íbamos a cumplir un sueño, hoy conoceríamos por fin una de las maravillas del mundo moderno a la que tantas ganas le teníamos, el gran Machu Picchu. Habíamos escuchado mil veces que se trataba de un lugar mágico, y eso pensábamos, hasta que tuvimos la suerte de poder comprobarlo con nuestros propios ojos, un día que estamos seguros que no olvidaremos nunca ¿queréis saber más?

El día anterior habíamos llegado a Aguas Calientes, el pueblecito a pies del Machu Picchu donde la mayoría de viajeros pasan la noche antes de visitarlo. Creo que esa noche apenas pegamos ojo, los nervios característicos de estar tan cerca de cumplir un sueño nos acechaban ¿de verdad estábamos aquí? Teníamos puesto el despertador a las 4am, aunque creo que esa noche se nos hizo eterna esperando el momento.

Como os comentamos en el post de Todo lo que debes saber si vas a visitar Machu Picchu, sobre las 04:45h nos fuimos hacía la zona donde salen los buses que te suben a las puertas de Machu Pichu (ya teníamos los tickets comprados de la noche anterior). Caía un chaparrón importante, y ya había muchísima gente esperando (mínimo tendríamos unas 200 personas por delante).

Con los chubasqueros puestos y a la luz de la luna y de las farolas, nos sentamos a esperar. No hacía mucho frío, pero el agua incomodaba… para matar el tiempo, sacamos el desayuno take away que nos había preparado la dueña del hostal, y sin darme cuenta me salió un fiel amigo que no se separó de mí hasta que me lo terminé (fue inevitable no compartirlo con él, de hecho se lo comió todo menos las galletas y el zumo jejeje).  

Quédate con quien te mire como miraba este perrito a mi bolsa del desayuno

A las 05:30h empezaron a llegar un montón de buses de la compañía Consetur, todo está muy bien organizado, y en apenas, diez minutos más tarde, ya estábamos en el séptimo bus camino a las puertas de esta maravilla del mundo. Todavía era noche cerrada, así que no veíamos nada de por dónde estábamos yendo, pero por las maniobras del bus, intuimos que casi que mejor jajaja

Al llegar empezaba a amanecer, nos dirigimos hacia la entrada, pasamos los tornos y enseñamos los tickets de las entradas que llevábamos impresas (las habíamos comprado meses antes a través de esta página). En este momento no nos avisaron de que teníamos que entrar con guía ni nos controlaron a que hora teníamos que salir.

Nada mas entrar al recinto de Machu Picchu

Nada mas entrar al recinto de Machu Picchu nos encontramos con las vistas de la foto superior, donde ya se nos pusieron los pelos de punta y esto apenas acababa de empezar. La visita se divide en dos caminos (cuando te adentras en uno de los dos, los guardias no te dejan volver atrás, sino que tienes que recorrerlo hasta el final), y visto el tiempo que hacía y la imposibilidad de ver el amanecer des del mirador de la “caseta del guardián, decidimos iniciar el recorrido de la ciudadela (el que se inicia a mano derecha) y nos juntamos a un grupo que iba con un guía (20€ los dos) para que nos explicara todo aquello.

Siguiendo en linea recta des de la entrada principal por el camino de la derecha, se llega a un conjunto de 16 baños ceremoniales, donde justo encima y a la izquierda, se haya la única construcción redonda de Machu Picchu, llamada “Templo del sol”.

Nos adentramos en la Ciudadela

La siguiente parada fue la “Tumba real”, una cueva de roca natural medio escondida. Según nos contó el guía, a día de hoy no se conoce a ciencia cierta cuál era su uso, ya que nunca se halló allí ninguna momia.

Nos llamaba mucho la atención que todo lo que rodea a la historia de este lugar sean suposiciones, convirtiéndolo así en el más místico y misterioso del mundo. Nos contó que la mayor parte de la ciudadela (alrededor del 60%), se encuentra debajo, es decir, en canales subterráneos y sistemas de drenado.

Recorriendo la ciudadela

Continuamos la visita hasta la “Plaza Sagrada”, ahí uno se da cuenta del increíble respeto que tuvieron los Incas por la naturaleza, y como construyeron cada uno de los templos y demás estructuras, tratando de alterar lo menos posible el increíble entorno natural de su alrededor.

Era inevitable no mirar el cielo, las nubes continuaban sin dejarnos ver el entorno al completo y un pequeño miedo atroz nos hacía presagiar que no tendríamos la suerte de ver con nuestros propios ojos la típica imagen de postal del lugar.

La Plaza Sagrada

Las siguientes estructuras que visitamos fueron el “Templo de las tres ventanas” , el “Templo principal”, todas ellas majestuosas, y justo enfrente nos encontramos con la “casa del sumo sacerdote”.

Nos encantó la historia, y por ese motivo os recomendamos que hagáis la visita con un guía al 100%, ya que sino es imposible sentir el gran misterio de esta ciudad y entender todo lo que se está viendo. Terminamos el primer circuito visitando las “ruinas de Intihuatana” y “El grupo de las prisiones” junto al “templo del cóndor”.

Templo de las tres ventanas

Salimos del recinto junto al guía y aprovechamos para ir al baño. La verdad que el día no acompañaba nada, nosotros no parábamos de mirar al cielo y aquello no se despejaba ni para atrás, cosa que nada más hacía que aumentara nuestra desesperación.

Volvimos a ingresar enseñando de nuevo las entradas y nos avisaron de que si volvíamos a salir ya no podríamos volver a ingresar, ya que acabábamos de gastar nuestra oportunidad. Así que una vez dentro de nuevo, nos fuimos en busca del lugar donde se saca la típica foto de postal, para ver como estaba la cosa.

Plaza Sagrada

Para llegar, hay que subir haciendo zig-zag por la escalera que hay a mano izquierda nada más entrar en el complejo, el cual conduce hasta la ” Cabaña del guardián de la roca funeraria”. Aquí está el mejor mirador de todo el yacimento, o eso nos decía la guía de Lonely Planet, porque nosotros solo veíamos nubes, nubes y más nubes.

La caseta o cabaña del guardián, es uno de los pocos edificios restaurados del complejo con techo de paja, cosa que nos vino de maravilla para refugiarnos cuando empezó a caer el diluvio universal. He de reconocer que en este momento rompí a llorar en silencio… no me podía creer que hubiese sido capaz de subirme a ese avión 12h y afrontar mi miedo, invertido casi todos nuestros ahorros por conocer este lugar y que nos fuéramos a ir sin poder verlo… todos sabemos que ante las adversidades climatológicas no se puede hacer nada, ya nos habíamos quedado sin poder subir al Huayna Picchu por ello ¿también nos quedaríamos sin ver Machu Picchu? 

Rincones de Machu Picchu

Las palabras de uno de los guardias que había por la zona no nos tranquilizaban –“Jejeje hoy no tuvieron suerte, será uno de los pocos días al año que no se deja ver”¿Esto es verdad? ¿Cómo podía animarnos de aquella manera ese hombre? El tiempo pasaba, y ya eran las 10:30h, des de las 6h que habíamos entrado al complejo y cierto era que la cosa no pintaba nada bien.

Yo miraba a John buscando una solución, John me miraba a mí pidiéndome paciencia (esa que tanto me falta), y nunca olvidaré ese momento a las 11h y pocos minutos, desesperados perdidos y después de hacernos fotos con no se cuántos japoneses que al no poder fotografiar la montaña nos utilizaban como reclamo turístico, las nubes se empezaron a disipar…

BRUTAL, MÁGICO, ESPECTACULAR, MARAVILLOSO, ALUCINANTE… esta vez lloraba acompañada, la emoción había inundado nuestros cuerpos, no quería parpadear para no perderme ni un instante y dejar ese momento fotografiado en mis retinas por siempre…

Uno de los momentos más mágicos de nuestra vida

No duró más que veinte minutos, antes de que las nubes volviesen a taparlo, donde aprovechamos también para inmortalizar esa estampa en nuestra cámara para siempre. Cuando se hicieron las 12h, y las vistas volvían a estar cubiertas de nubes, decidimos iniciar el camino de salida, sin duda, no podíamos haber vivido una visita más intensa y emocionante.

Tener en cuenta que justo a la salida del recinto, a mano izquierda, hay una especie de puestecito de madera donde hay un hombre con el sello de Machu Picchu para poner en el pasaporte ¡¡no os lo olvidéis porque es precioso!! y gratis 😛

Llamas y Alpacas en libertad por el complejo de Machu Picchu

Teníamos pensado regresar a Aguas Calientes caminando, pero como llovía mucho decidimos bajar en bus. La noche anterior solo habíamos comprado los billetes de subida, así que mientras John se fue a hacer cola para subirnos al bus, yo me fui a la caseta de venta de billetes que hay junto a la entrada de Machu Picchu y compré dos tickets (78 soles los dos – 20€; imprescindible presentar los pasaportes, sino no te lo venden).

En unos 20/30 minutos ya estábamos en el pueblo, como no paraba de llover, decidimos dar un paseo por el mercado cubierto que hay junto a la estación de tren y no nos pudimos resistir a hacer alguna que otra comprita 😛

Cuando nos apretó el hambre, nos fuimos a comer a un restaurante que había justo enfrente del hotel donde habíamos pasado la noche, el Tasty Machupicchu, dos lomos saltados que estaban de rechupete y que nos sentaron de maravilla (nos costó 92 soles – 24€ -con bebida y el servicio fue rápido y muy atento, aunque en los precios se nota que es zona turística).

Mercado cubierto de Cusco

Como teníamos que estar a las 15:45h en la estación de tren para regresar a Cusco, decidimos ir al hotel a recoger nuestras mochilas y dar un paseo por el pueblo, pero a mitad del paseo, empezó a caer un super chaparrón y tuvimos que refugiarnos en una cafetería, y ¿cuál fue nuestra suerte? ¡¡¡que era la boulanguerie de París,!!! donde no pudimos resistirnos a comernos un buen postre (nos costaron 25 soles – 6,5€).

A las 16:45h salía nuestro tren con perurail de Aguas Calientes a Ollantaytambo (en esta época del año, aunque compres los billetes des de Aguas Calientes hasta Cusco, por las lluvias, el tren solo va hasta Ollantaytambo, trasladándote a un bus para llegar hasta Cusco). Llevábamos los billetes impresos des de casa, nos habían costado 185€ los dos en el vagón Vistadome 32.

Animación en el tren de vuelta a Ollantaytambo

Este trayecto en tren es alucinante, de los más bonitos que hemos visto en nuestra vida. Además del paisaje que es espectacular durante todo el camino, al estar totalmente acristalado (techo incluido), hace que tengas unas vistas de 180º. Fue toda una sorpresa que nos sirvieran pizza de quinoa, fruta y maiz salado para amenizar la vuelta, además de un espectáculo/show de la criatura de los andes muy divertido 😛

Tras hacer el transbordo al bus en Ollantayambo, llegamos a Cusco a las 21h, ya en noche cerrada, donde habíamos quedado con Arturo para que nos recogiera y nos llevara a buscar las mochilas al hotel donde habíamos pasado la primera noche y nos acercara al nuevo hotel donde estaríamos los próximos dos días junto al mercado de San Pedro.

Aquí sufrí por primera vez el mal de altura, ya que habíamos vuelto a pasar de 2.400m en Machu Picchu a 3.400m en Cusco, avisamos a Arturo de que tenía la sensación de que me ahogaba y me faltaba el aire, y sin pensárselo dos veces, nos llevó a la farmacia de su mujer que nos dio un bote de oxígeno (allí lo venden en todas las farmacias) y una botellita de “agua florida” para que la fuese oliendo y me abriese los pulmones. Enseguida me calmó y des de entonces fue mi kit de supervivencia, mi mano de sano, mi bendición jejejeje para todo lo que quedaba de viaje.

Cuando Arturo nos dejó en el nuevo hotel, Net House B&B, le pagamos 100 soles (26€) por lo bien que se había portado con nosotros y por ayudarnos y regalarnos el oxígeno y el agua florida. Nos despedimos de él pensando que no lo volveríamos a ver y fuimos a hacer el check-in. Una vez instalados en la habitación, John bajó al supermercado de enfrente a comprar cereales, galletas y leche y de eso cenamos jejejeje benditas cenas viajeras.

Nos conectamos a Internet y miramos el correo, ya que para el día siguiente teníamos contratada la subida a la famosa “montaña de colores”,  y ¿cuál fue nuestra sorpresa? que la compañía nos cancelaba la excursión por mal tiempo, ya que para mañana daban nevadas en toda la zona. Nos fastidió bastante, pero no quisimos darle mas vueltas y nos fuimos a dormir, llevábamos des de las 4 de la mañana en pie, ya veríamos que haríamos mañana al levantarnos.

Al fin y al cabo estábamos felices, todo lo felices que se puede estar tras haber cumplido un sueño, así que dejamos que el viaje nos sorprendiese.

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